Crónicas de la hermandad en las tierras del Dragón VOL VI: Un buen trago…
Por fin.
Cada uno de mis poros emanaba sudor. Mis articulaciones se resentían de todo un día de combate, y mis heridas, aunque superficiales, escocían como si un criadero de garrapatos hambrientos masticaran mi piel. Mi estomago aún permanecía encogido y vacío pero mis pasos y los de mis hermanos eran firmes y se dirigían hacia el único sitio donde valía la pena estar a aquellas horas de la noche: La Taberna del Dragón.
Viajero, si alguna vez viajas a Aldrach, podrás encontrar la mayor pocilga de ladrones, borrachos, timadores, rameras y gente de muy baja reputación en La Taberna del Dragón. Situada en la parte sur de Aldrach, en la salida de la villa, sigue el sendero hacia el montículo que hay en frente del cementerio. Sigue el sonido de la música, los gemidos y las broncas que irán subiendo de volumen conforme asciendes. No tardarás en divisar una estructura que apenas podrás intentar comprender como aún permanece en pie, tosca en estilo, pero ruidosa como un oso en celo.
Viajero, mantén los ojos puestos en tu bolsa puesto que si no vas armado los ladrones te robarán y saquearan en las mismas narices de los parroquianos que frecuentan aquel sitio, con el sonido de fondo de sus risas mientras eres desvalijado. Procura tener siempre un ojo abierto para no recibir un puñetazo en plena cara, puesto que las rencillas más insignificantes se resuelven de esta forma tan contundente, con las bailarinas amenizando el lugar por encima de las mesas y una poderosa Orquesta que no deja de tocar bajo ninguna circunstancia.
- Adelante Chicos, a beber! – Rugió Urgudar sonriendo.
Tras entrar en la Taberna pudimos ver como un par de Goblins nos observaban desde un lateral con cara de curiosidad. Ésta se vio interrumpida ante una sutil advertencia de Rhanz que un poco más rezagado entraba después de haber ido a orinar.
- Qué miraiz xicoz!!!- Rugió Rhanz dejando ver sus colmillos a los Goblins.
Una fuerte patada de Rhanz siguió a su comentario e impacto en el trasero de uno de los goblins haciendo que cayera al suelo de bruces y provocando las risas de los tertulianos que había alrededor.
- Mirad!, Una mesa libre! – Dijo Sogo señalando a un espacio en el lateral de la taberna.
- Me parece bien, vamos hacia allí. – Respondió Urgudar asintiendo con la cabeza.
- Bueno, esta ronda la pago yo!! . – Dije lleno de alegría, mientras me daba la vuelta y me dirigía a la barra.
Después de un rato en la barra conseguí cerveza para todos nosotros, no sin antes haberme dejado un número importante de monedas de oro que hicieron sentirme timado por un halfling. Aún y así, con un cabreo importante por ese motivo, volví a la mesa y cada uno de nosotros agarramos un recipiente de cerveza fresca.
- Habéis notado que nos miran bastante? – Murmuró Elric echando su cuerpo hacia delante.
- Debe zer porke zomoz unos muchachoz muy guapoz. – Respondió Rhanz mientras se giraba para ver si alguna tabernera andaba cerca.
- Creo que “Los Rojos” no están muy bien considerados en Aldrach. – Dijo Eve discretamente.
- Si? Por qué dices eso? – Preguntó Elric con una mueca de extrañeza.
- Bien, creo que está claro que somos la facción más fuerte, y hoy han querido poner a prueba nuestra reputación con el uso de Mercenarios y Orcos. – Expuso Eve.
- Pero quien haría coincidir Mercenarios y Orcos en tan poco tiempo? – Pregunté.
- Sin duda, alguien que quiere debilitarnos, y a la misma vez tiene poder para manejar los hilos necesarios para ello. – Afirmó Urgudar.
- Sin duda hoy les hemos dado su merecido. No creo que vuelvan. – Dijo Elric con una sonrisa maléfica.
- Los Orcos no tienen miedo. Volverán ante la perspectiva de cualquier combate. Los mercenarios dudo que volvamos a encontrarlos contra nosotros. – Expuso Eve.
- Correcto. Pero hoy hemos sufrido muchas bajas, estamos cansados, y los escudos y armaduras se han quebrado. Mañana será duro, muy duro… - Dijo Urgudar.
Durante unos instantes permanecimos en silencio, mirando la jarra de cerveza y cómo desaparecía su espuma por momentos al son del griterío y la música que parecía no existir. Finalmente agarré mi jarra y me levanté alzándola.
- He luchado y he visto verter sangre para llenar miles de bidones de cerveza. Si mañana tengo que morir, que sea después de una buena borrachera y en vuestra compañía Hermanos. – Les dije mirándoles.
Acto seguido mis hermanos Úrgudar, Sogo, Rhanz, Elric y Eve alzaron sus jarras junto a la mía.
- Qué así sea! Afrontaremos nuestro destino con la espada en la mano! – Dijo Úrgudar.
Brindamos, reímos y volvimos a brindar y a reír hasta que la cabeza se nubló, la música dejó de sonar y nos fuimos a descansar.
Al volver al campamento, el portón principal permanecía en el mismo estado que parecía permanente. Abierto y con los cuerpos de los guardias repantingados en las paredes bebiendo o pasando el tiempo con mozas del pueblo. Hasta los goblins de la Taberna serían capaces de asaltar esta empalizada – Pensé para mis adentros mientras chocaba con algunos travesaños de madera sueltos del portón.
Cruzando hacia nuestras tiendas pudimos oír los gritos de los heridos, los sonidos de los yunques trabajando, y el olor pútrido de la muerte inundando nuestras fosas nasales.
Lector, no es bueno irse a dormir sudado, sucio, borracho, escuchando yunques y martillos, heridos lejanos, gemidos de fornicación, estando herido y con la perspectiva de una batalla con un resultado incierto.
Lo cierto es que dormí como hacía días que no había hecho, con una sonrisa en mi cara porque había encontrado mi sitio.